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  • Mireya Goni

“Yo no me enfermo”, “Yo nunca voy al médico”, “A mi no me va a pasar nada”, “Yo estoy bien, gracias"

Actualizado: ago 14




Durante el tiempo que llevo como asesora de seguros me he encontrado con disímiles situaciones individuales y familiares que me han hecho pensar mucho y me han ayudado a ratificar mi convencimiento de que lo que hago es valioso, correcto y útil.

He encontrado un número inmenso de personas que no tienen una cobertura de salud adecuada y ni siquiera piensan en ella. “Yo no me enfermo”, “Yo nunca voy al médico”, “A mi no me va a pasar nada”, “Yo estoy bien, gracias a Dios”, son frases repetidas como argumento para justificar la ausencia de una protección de salud.


La falta de información, el desconocimiento, la desconfianza, la creencia de que por no haber necesitado ir al médico en muchos años no lo van a necesitar nunca; son factores que afectan la decisión importantísima de adquirir un seguro de salud viable y lo más abarcador posible. ¡Es una pena! La cobertura correcta puede marcar la diferencia ante una enfermedad, una lesión, un accidente.

Los beneficios iniciales de una cobertura médica radican principalmente en la posibilidad de prevenir. Una situación de salud detectada a tiempo es tratable y hasta puede salvar la vida. Otras situaciones son inesperadas, no se puede planificar una enfermedad o un accidente, un ingreso hospitalario, una cirugía o una entrada por emergencias.


Muchas de las personas que me han dicho las frases inicialmente mencionadas han cedido ante mis explicaciones y un poco por conciencia, otro por mi insistencia, han seleccionado una cobertura de salud. Gracias a eso, han recibido los beneficios de sus seguros de salud mucho antes de lo que imaginaron y me han dado la razón cuando me han dejado saber cada una de sus situaciones, por ejemplo: un pequeño y aparentemente inofensivo vello enconado que provocó cirugía por una celulitis en la pierna; un accidente que provocó un daño serio en un pie y hubo que operar el dedo pequeño; una torcedura de rodilla durante el tiempo de trabajo que ha dejado sin trabajar a la persona ya por dos meses y contando; una picadura de insecto que generó reacción alérgica inesperada; un resbalón en la cocina que llevó a emergencias ante la imposibilidad de moverse por el golpe en la espalda; una crisis de gastritis aguda que tuvo a una joven cuatro horas en emergencias; cirugía urgente de apendicitis; una aparente sinusitis que resultó ser un tumor cerebral…


Ninguna de las situaciones mencionadas es fantasía, todas son casos reales, totalmente recientes, y he mencionado solo algunos. Lo que más encuentro en mi trabajo diario son historias de agradecimiento por mi gestión o de arrepentimiento por no haber seguido sugerencias importantes en su momento, pues cuando han querido tomar la decisión, ya ha sido tarde y además se están enfrentando a situaciones muy complicadas, de carácter económico.

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